Como se divertía la gente en 1810


Como se divertía la gente en 1810

Por Alejandra McCartney 

Los entretenimientos han ido cambiando a lo largo de los siglos, de acuerdo a la época o circunstancia que se viva en ese momento; un ejemplo claro lo tenemos en los niños que presenciaron la quema de los condenados de la Inquisición, pues de aquí nació un juego en el que los pequeñines quemaban muñequitos, lo que después diera origen a los famosos Judas que hoy en día se les prende fuego en los festejos de Semana Santa. 

Ahora vamos a detener nuestra máquina de tiempo en el año de la Independencia para averiguar cómo se divertían nuestros tatarabuelos en aquellos tiempos tan revueltos. A todos les encantaba asistir a las Sombras Chinescas, que eran proyecciones luminosas que se hacían con la ayuda de linternas, y sobre el fondo de un telón se proyectaban imágenes de los episodios y hechos destacados que acontecían en aquel momento. Estas representaciones se llevaban a cabo en lugares cerrados, era algo parecido a un teatro de títeres, pero en vez de tener muñecos que representaran a los personajes solo se tenían sus sombras. Se llegó incluso a representar el grito de Dolores, llegando a despertar odios, desprecios e iras en contra de los tiranos opresores. 

Además de las Sombras Chinescas o representaciones de sucesos del día, había otros pasatiempos y diversiones en 1810. Era muy socorrido ir por las tarde en coche, en caballo o a pie, al paseo de Bucareli o a dar la vuelta a la Alameda; en este último, durante los tres días en que se celebraban los días de Pascua de Espíritu Santo, lo paseos cambiaban al Pradito de Belén. El paseo de la Viga o de la Orilla, empezaba al igual que en los anteriores, en los días de fiesta; por las tardes el ánimo se empezaba a ver, desde el primer Domingo de Cuaresma, hasta que concluía el día de la Ascensión. 

Los asistentes a aquellas fiestas llevaban sus mejores ropas y joyas; a los jinetes se les podía ver en briosos caballos, luciendo sillas vaqueras deslumbrantes con adornos de plata, sombreros galoneados, chaquetas, pantalones de cuero o chaparreras con pieles de chivo, también muy ostentosas por los galones, alamares y botonaduras de plata pura y plata quintada.

Por el lado contrario se encontraba la gente pobre, especialmente en la Viga, que con alegría y regocijo comían golosinas a la orilla del canal cenagoso, cubierto por chalupas tripuladas por pintorescas indígenas floreras, ataviadas con trajes típicos, remando a la vez que ofrecían hermosas amapolas o perfumadas rosas de Castilla. Se podían ver también largas y anchas canoas con techos decorados al gusto popular, en las que al ritmo de arpas, vihuelas, guitarras, tamboriles y flautas, bailaban y cantaban jarabes y palomos, léperos y chinas, charros y gatas, con brillantes vestimentas por el hermoso colorido de sus telas: el satín de los rasos de las faldas y chapines, el brillo de los galones, lentejuelas y piedras de fantasía. En 1810 había diversión al por mayor en las pomposas procesiones del Corpus y de la semana mayor, y también en las letanías, las peleas de gallos, las corridas de toros, en las vísperas de las fiestas titulares de muchos templos y conventos, las tocadas de las bandas de música de los cuerpos militares, en las ejecuciones públicas, los reos fusilados en la plaza de Mixcalco, los ahorcados en la picota de la Plaza Mayor; en los dos últimos casos los coches llegaban desde las tres de la tarde para alcanzar buen lugar, y poder divertirse de lo lindo viendo esta clase de espectáculos. 

Las personas pudientes lucían siempre sus mejores joyas y andaban al último grito de la moda; los que no podían costearse tales extravagancias tenían la opción de sacar de sus baúles olientes a canela o alcanfor sus mejores galas, pero por lo general se conformaban con admirar el lujo de los potentados; entonces era considerado como una diversión ir al Palacio Real, o a los templos en las festividades religiosas. Aquellos momentos pasaron a ser «los días en que la corte se vestía de gala», y en los que debían vestir el uniforme los capitanes generales, mariscales, brigadieres y oficiales del real ejército. Los días en 1810 fueron los siguientes: el 30 mayo, santo del Rey Nuestro Señor; el 13 agosto, Santos Hipólito y Casiano, patronos de la ciudad; el 14 octubre, años del Rey Nuestro Señor; el 3 diciembre, días del Excelentísimo Sr. virrey; y el 12 del mismo mes, aniversario de la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona jurada de esta Nueva España.

Durante aquella época no podía faltar la exhibición de animales adiestrados, o personas que tuvieran algún defecto físico de nacimiento. Un ejemplo lo tenemos a principios del mes de enero de 1810 cuando se expuso a la vista pública en la calle de la Cerbatana, a María Rosa, india de veinte años, cuya construcción en el tamaño de su cuerpo era tan digna de notar, que solamente la vista podría calificar el cómo la naturaleza se ensañó para crear a criatura tan extraña: por lo que describen los documentos de la época, aquella muchacha tenía una estatura muy baja, no considerada como normal en aquella época.

*Fuente: Leyenda Coloniales http://leyendascoloniales.blogspot.mx

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