La antigua calle de Plateros


Comercios de la antigua calle de Plateros

Publicado 22 Jun 2011

Por Edgar Tavares López*

Asomarse a la Avenida Madero y reconocer ahí todavía algunas de las huellas del pasado es la propuesta que desliza Edgar Tavares López, cuando reconstruye, palmo a palmo, la antigua calle de Plateros, nacida como resultado de la ordenanza del virrey en turno. Este acontecimiento explica en cierta medida la configuración comercial que tienen hoy algunas de las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México.

En 1638 don Lope Díaz de Armendáriz, virrey de la Nueva España, expidió la Ordenanza numero 26 relativa al arte de la plateria: “[ … ] que todos los plateros se congreguen en la Calle de San Francisco y fuera de ella no puedan tener sus tiendas con penas”. Este mandato propició el surgimiento de una tradición que aún podemos disfrutar, la compra-venta de joyería y, tiempo después, la vocación comercial de una de las calles históricas más famosas e importantes de la ciudad de México: la avenida Madero.


La antigua calle de San Francisco debe su nombre a los franciscanos cuyo Convento Grande se estableció (1525) en su extremo poniente, haciendo esquina con la calle de San Juan de Letrán, limite de la traza española. Los jesuitas también edificaron su templo y Casa Profesa sobre esta misma vía que, en el siglo XVIII, se vio engalanada con la presencia de personajes de la nobleza que habitaron relevantes residencias: el marqués de Prado Alegre (Pasaje Pimentel); el conde de San Mateo de Valparaíso y marqués del Jaral de Berrio (Palacio de Iturbide); el conde del Valle de Orizaba (Casa de Azulejos); así como también, el famoso minero José de la Borda. Inmuebles que permanecen estoicos al paso del tiempo.

A partir del último cuarto del siglo XIX, numerosos comercios se fueron estableciendo en los inmuebles de esta calle que, en otro tiempo, habían servido de residencia a sus habitantes. ¿Cómo se generó este cambio? José Yves Limantour, secretario de Hacienda, afirmaba en 1896 que había dos caminos para reforzar la economía nacional: la inversión extranjera y el establecimiento de instituciones bancarias, para atraer los capitales europeos y estadounidenses. El informe Biorklund (1899) señala la existencia en el Distrito Federal de 212 establecimientos comerciales: 40 mexicanos y 172 extranjeros. Los británicos dominaban la venta de telas de lana, seda y algodón; algunos alemanes se dedicaron a la venta de joyas y artículos manufacturados de fierro y acero (Casa Boker); los franceses tenían las mejores lencerías y los españoles ofrecían vinos y víveres. Los mexicanos atendían la venta de frutas y legumbres, el comercio ambulante, las fondas y pulquerías.

El excelente plano Directorio Comercial de La Ciudad de México -1883- de Julio Poper Ferry, nos permite conocer a detalle todos los comercios establecidos a lo largo de las calles de San Francisco, Profesa y Plateros (una misma vía). Varias casas de prestigio ofrecían al cliente finas joyas y relojes, entre otras, la Joyería Christofle; El Diamante; Relojería y Joyería de Diener Hermanos, sin faltar, claro, La Esmeralda cuyo surtido en brillantes, perlas, rubíes, zafiros, ópalos, diamantes, etcétera, la llevó a ser considerada la primera joyería del país, cuyo lujo igualaba al de las mejores de Europa.

Para los caballeros existían varias tiendas dedicadas al buen vestir como High Life; The Gentleman, Gran Sastrería de S. Lang y compañía, la Camisería de Plateros cuyo dueño vendía al menudeo camisas con guarnición de lino desde 1.50 pesos y el cuello postizo, de lino también, a 25 centavos. Las señoras eran atraídas por los vistosos escaparates de tiendas como los Grandes Almacenes de Ropa “Sorpresa y Primavera Unidas”, donde se daban cita la clase alta para surtirse de la gran variedad de telas de sed o lino, artículos de perfumería y todo lo relacionado al ramo de ropa en grandes cantidades y de la más alta calidad y novedad. Otros comercios destacados eran Listonería y Sedería “La Suiza”; Modas y Donas de Cecilia Rincón; Aux Palais-Longchamp, entre varias más.

Comercios para abastecer los hogares fueron la casa Mosler, Bowen & Cook, Suc., que ofrecía todo tipo de muebles para la casa y la oficina, además de cajas fuertes, bicicletas y maquinas de escribir; la Fábrica de Espejos y Doraduría Claudio Pellandini ponía a disposición de su clientela, lunas y elegantes espejos biselados, cuadros al óleo, acuarelas. Otros establecimientos famosos fueron el café restaurante La Concordia -el más elegante y lujoso de la capital-, la Antigua Droguería de la Palma, American Photo Supply Co., la Dulcería Parisiense “El Globo”.

San Francisco, Profesa y Plateros fueron, sin duda alguna, las calles más atractivas de toda la ciudad; transitar por ellas a pie, a caballo o en carruaje se volvió una costumbre que tomó nombre: el paseo de Plateros. Un escritor anónimo resume de la siguiente manera, el sentir de los capitalinos a fines del siglo XIX:

“Plateros es la santa, la sagrada, la vía inviolable de la capital. Es ella la línea céntrica y arteria principal en que palpitan la animación, la vida, la elegancia y el comercio al por mayor y al por menor de los objetos más apreciados y más nobles del aliento mercantil; es la calle donde radican los metropolitanos su vanidad y orgullo de ciudad”.

La hoy avenida Madero continúa su vocación comercial de antaño con otros comercios menos finos o elegantes que los ya mencionados; sin embargo, aun podemos visitar algunos que siguen de pie como High Life -fundado en 1897- en su estupendo edificio construido hacia 1922 y diseñado por el arquitecto italiano Silvio Contri, autor del Palacio de Comunicaciones (hoy Museo Nacional de Arte). Visita obligada es la Casa Sanborn´s, establecida hacia 1919 en la estupenda Casa de Azulejos; la Óptica Turati, fundada hacia 1923; la Joyería Borda, que abrió sus puertas en 1938; la Librería Madero, que desde 1940 se ha ganado un lugar principal en la venta de libros poco comunes; y un pequeño local que aloja, desde 1948, a la firma Hermes – Pieles Finas.

Por ultimo, destaca el antiguo Almacén de Santos Las Fábricas de Lyon (1886) y sus atractivos aparadores con imágenes de cristos, santos, vírgenes en marcos, placas y esculturas de todos tamaños, que nos invitan a pasar irremediablemente para admirarlas a detalle.

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*Arquitecto egresado de la UAM Azcapotzalco. Se ha dedicado a investigar y difundir la riqueza arquitectónica y urbana, de la primera mitad del siglo XX de la ciudad de México.


Fuente: Revista Relatos e Historias de México, año 1, número 9, mayo 2009.

One thought on “La antigua calle de Plateros

  1. Felicidades, excelente reportaje, me hubiera gustado mas información acerca del palacio de Iturbide, del convento franciscano y de las iglesias que se encuentran sobre la calla de Madero. Un abrazo

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