Plaza Guardiola


Plaza de Guardiola

Publicado 16 Jun 2011

La Plaza de Guardiola (Madero y Eje Central) es tan antigua como el mismo Zócalo de la Ciudad de México. Fue llamada inicialmente Plaza de San Francisco, por ubicarse frente al convento de los franciscanos.

Se dice que en cierta ocasión fueron lidiados, en este pequeño espacio, algunos toros por varios caballeros, entre ellos, uno de los hijos de Hernán Cortes. A fines del siglo XVlI, don Juan Ildefonso de Padilla, segundo marqués de Santa Fe de Guardiola, llegó a habitar una casona sobria de dos niveles en el costado norte de la plaza, la cual adoptó su nombre que conserva hasta la fecha. A mediados del siglo XVIII, cobró más relevancia al remodelarse con azulejos espléndidos la casa de su costado, la del conde del valle de Orizaba.

Aires de leyenda impregnaron también la Plaza de Guardiola cuando en el callejón de la Condesa -su límite oriente-, se encontraron frente a frente los carruajes de dos hidalgos (caballeros); por supuesto que ninguno quiso ceder el paso al otro permaneciendo así durante tres días y sus respectivas noches. Debió venir una orden del virrey para que retrocedieran hacia la de Tacuba terminando el conflicto.

En el siglo XIX esta plaza vió desfilar a destacados personajes de la historia patria: Agustín de Iturbide, Antonio López de Santa Ana, Benito Juárez, Porfirio Díaz, por encontrarse justo en la entrada al corazón de la metrópoli. También, se tiñó de sangre al ser fusilado en 1832 el subteniente Mateo Palacios acusado de la muerte de don Andrés Suárez de Peredo, dueño entonces de la Casa de Azulejos.

Hacia 1860 sirvió como sitio de los llamados “coches de providencia” a de alquiler; Maximiliano develó en ella la escultura del Generalísimo Morelos en 1865 y seis años después se le colocó otra obra, “las Burlas del Amor”, a cargo del reconocido escultor Gabriel Guerra. En 1871 don Vicente Escandón, nuevo dueño de la casa del marques de Guardiola, mandó convertirla en un palacio moderno: pórtico de tres arcos, terraza; balaustradas en el remate junto con esculturas de perros y leones; vistosas celosías de sus balcones procedentes de Sevilla y Córdoba, y un hermoso jardín tipo inglés al frente complementaban su nueva imagen.

La casa de los Escandón fue demolida en 1938 para construir un moderno inmueble que cambiaría la fisonomía tradicional de la Plaza de Guardiola.

Actualmente, esta añeja plaza par poco desaparece de nuestra vista. Hace casi 70 años se accedía a ella a ras de la banqueta, para entrar al Edificio Guardiola construido entre 1938-1940; hoy, hay que subir de seis a siete escalones debido al hundimiento constante que sufre el suelo del Centro Histórico, que obliga a la cimentación de este inmueble a elevar el edificio cada vez más. El proyecto del Guardiola prolongó la existencia de esta plaza al respetar su espacio; incluso, creó otra igual que da a la avenida 5 de Mayo y, ensanchó al mismo tiempo el angosto callejón de la Condesa dos metros más.

La extraordinaria Casa de Azulejos se conserva en su costado oriente, para la admiración de propios y extraños, no así las grandes capillas del convento franciscano situadas al sur: Aranzazu y de la Tercera Orden con la casa de su capellán. Estas y otras dependencias del convento fueron demolidas en la segunda mitad del siglo XIX debido a la promulgación de la Ley de Nacionalización de los Bienes del Clero Secular y Regular (1859). Ell enorme terreno de los franciscanos fue fraccionado en el último tercio de dicha centuria, levantándose varios edificios que ocuparon el lugar de las mencionadas capillas, respectivamente: el Templo Expiatorio Nacional de San Felipe de Jesús, el Hotel Guardiola y su colindante, un edificio que alojó comercios y oficinas en cinco niveles en la esquina con San Juan de Letrán. Este último fue derribado a mitad de los años cincuenta del pasado siglo XX para dar paso a la Torre Latinoamericana, inaugurada en 1956, que durante mucho tiempo fue el edificio más alto de la republica y, para la capital, un hito urbano convertido desde entonces en el faro que indica el camino (avenida Madero) hacia la plaza de la Constitución o Zócalo. El Hotel Guardiola permaneció en su sitio muchos años más, hasta que en 1999 fue derrumbado.


Desde la Plaza de Guardiola, provista hoy de arriates y pequeños árboles, se observan la capilla de Balvanera y el templo principal de los franciscanos, junto con la recuperación que se ha hecho del antiguo atrio, espacio donde se realizan variadas exposiciones de carácter artístico y cultural. La torre Latino con sus poco más de 180 metros de altura sigue asombrándonos, a pesar de no ser ya la más alta.

La permanencia de la Plaza de Guardiola sigue haciendo menos angustiante la perspectiva de la estrecha calle de Madero, no obstante los nueve pisos del Edifico Guardiola y los más de 40 de su inmenso vecino, la Torre Latinoamericana; asimismo, continúa siendo testigo del ritmo de vida de la Ciudad de México en su diario acontecer

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