El Señorío de Milpa Alta


El Señorío de Milpa Alta

Publicado 26 Mayo 2011

El Náhuatl en la Ciudad de México
Por Ángeles González Gamio

Increíblemente, en esta ciudad prodigiosa todavía se habla náhuatl, esa dulce lengua que imperaba en la cuenca de México a la llegada de los españoles. En la capital de la Nueva España y en las villas y pueblos de los alrededores, paulatinamente se fue sustituyendo por la lengua de Castilla. Sin embargo hubo un sitio que, por su situación geográfica, se mantuvo lo suficientemente aislado para conservar el uso de la lengua materna hasta nuestros días.

Estamos hablando de Milpa Alta, ese primoroso rincón rural que, pleno de tradiciones, sobrevive, al sur de la ciudad de México. Antiguo señorío, llamado “Malacachtepec Momoxco”, fue fundado hacia 1240 por una de las nueve tribus chichimecas que arribaron a la cuenca, provenientes del norte. En el siglo XV, fue vencido y gobernado por el guerrero mexica Hueytlahuilli, quien llevó a cabo numerosas obras públicas: caminos, embarcaderos, centros ceremoniales y un sistema de siembra a base de terrazas, delimitadas por muros de piedra ubicados en los costados de los cerros, de los cuales todavía tenemos evidencia. Asimismo impulsó el cultivo del maguey, la explotación de la riqueza forestal y el intercambio comercial.

Estas actividades se continuaron llevando a cabo tras la conquista, cuando finalmente el pueblo fue dominado, siendo uno de los que mayor resistencia opuso a los españoles. Es sabido que los habitantes de San Pedro Atocpan, lucharon casi un siglo antes de ser sometidos. Aún así, muchos no cedieron, escondiéndose en las montañas y sobreviviendo por años, mediante el robo de animales y víveres. La evangelización corrió a cargo de los franciscanos, quienes erigieron el hermoso convento y templo de la Asunción de María, mismo que aún se puede admirar, con su aspecto de fortaleza, en la que destaca un solitario y robusto contrafuerte. En el interior es de llamar la atención un extraordinario cuadro en altorrelieve, en cuya parte central se aprecia la figura de la Virgen de la Asunción acompañada por Dios Padre y Dios Hijo y sobre su corona el Espíritu Santo. En la parte inferior aparecen caciques indígenas y encomenderos; todos ellos están rodeados de encantadores ángeles músicos y cantantes. Otras construcciones franciscanas de importancia son el conjunto religioso de San Pedro Atocpan y la Parroquia de San Antonio de Padua, en Tecómitl.

Tras la Independencia, Milpa Alta quedó comprendida dentro del Estado de México. En 1854, a raíz del decreto de ampliación que emitió Santa Anna, quedó integrada al Distrito Federal. Durante la Revolución, este refugio del náhuatl, se volvió también refugio de los zapatistas, entre otras causas porque muchos jóvenes milpaltenses se afiliaron a la causa. Llama la atención que el espíritu de lucha y de trabajo que ha caracterizado a los habitantes de ese lugar, desde la época prehispánica, no se ha perdido. Un buen ejemplo es el exitoso desarrollo agrícola y agroindustrial que han logrado: actualmente, son los principales productores de nopal de la cuenca; baste decir que aquí se cultiva el 85% de los nopales que se consumen en la Ciudad de México. Y la cosa no queda allí, ya que también son los principales abastecedores de barbacoa de la capital; cada semana matan entre 2,500 y 3 mil borregos, y de remate se han vuelto famosos por los moles, actividad a la que se dedica toda la población de San Pedro Atocpan. Al igual que los nopaleros, hacen su feria anual, que atrae a miles de visitantes y compradores.

Como es de suponerse, en el lugar hay magníficos lugares para comer ¡mole y nopales! Uno de los mejores es el del señor Ismael Rivera, dueño del primer restaurante que se instaló en el pueblo de San Pedro Atocpan. Allí se puede degustar mole verde, rojo, almendrado, de nuez, de piñón, especial, coloradito o ¡picoso!, para los que son muy, muy muy buenos para el chile. Si tiene suerte, lo puede acompañar con un buen pulque, si no, aunque sea con una cervecita bien fría.

De todo ello y de las transformaciones que ha padecido Milpa Alta, nos enteramos en el número 19 de Crónicas de la Ciudad de México, la gaceta del Consejo de la Crónica, que ya está a la venta en las librerías Gandhi, El Sótano y las del Pórtico, ubicadas en San Juan de Letrán 24 y el Pasaje Metro, Zócalo- Pino Suárez. También contiene excelentes artículos de Andrés Henestrosa, Manuel Ramos Medina y un poema de Fernando Césarman.


*Publicado en el periódico La Jornada

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