La Grandeza de Tenochtitlan y la llegada de Cortés en 1519


Por Jorge Nacif Mina
“México Tenochtitlan es punto irradiante de cultura, tecnología y civilización, y es también centro de confluencia de los hombres de los cuatro rumbos del mundo” – Federico Hernández Serrano
La Ciudad de México Tenochtitlan fue considerada siempre el centro de la actividad religiosa y como cuartel general en donde se gestaban los planes de conquista y expansión geográfica. Sin embargo, Acamapichtli, primer Señor de Tenochtitlan, no pudo realizar empresas militares de importancia; el Tlatoani mexica murió en el año de 1389, y el Consejo de Ancianos eligió a su hijo Huitzilihuitl como Señor de Tenochtitlan, el que contrajo matrimonio con una hija de Tezozomoc, gobernante de Azcapotzalco, logrando con ello que los tributos que los mexicas pagaban a estos tepanecas de Azcapotzalco fueran reducidos. Bajo su gobierno se lograron consolidar algunas conquistas, pero siempre con el dominio del señorío Tepaneca, del cual dependía el islote donde se levantó la Ciudad.

En el año de 1409, Huitzilihuitl deja de existir eligiéndose a Chimalpopoca como tercer Huey Tlatoani. Pero con motivo de las nefastas intenciones de Maxtla, hijo de Tezozomoc, en poco tiempo es hecho prisionero y tuvo un trágico fin: se ahorcó durante su cautiverio en 1423 (1).
Ante tan desdichado acontecimiento, el pueblo mexica necesitaba a un gobernante capaz de enfrentarse al poderío Tepaneca de Maxtla, el que planeaba apoderarse definitivamente de Tenochtitlan, la que ya era una civilización de importancia en Mesoamérica. Por tales razones, y buscando a un pipiltín (noble) enérgico, el Consejo de Ancianos entronizó a Izcoatl como cuarto Señor de los mexicanos, ya que era considerado un buen guerrero, hombre prudente, recto y honrado; virtudes fundamentales para un gobernante.

A Izcoatl le tocaría poner su talento para liberar a su pueblo del dominio de Tepaneca, y acrecentar la cultura, ciencia y tradiciones; así lo vieron y sintieron los Tenochcas en las fiestas de la elección, presagiando una nueva era en la historia de los hijos de Huitzilopochtli.
En aquellos años, Nezahualcoyotl, el Señor sabio y poeta de Texcoco, había sido despojado de su gobierno por los Tepanecas, por lo que Izcoatl lo invitó, junto con sus seguidores, para organizarse y hacerle la guerra a Maxtla, tirano usurpador del Señorío Acolhua de Texcoco y asesino intelectual de Chimalpopoca.
Después de cruentas batallas, aquel heredero de Tezozomoc fue derrotado definitivamente; corría el año de 1427, Izcoatl regresaba a Tenochtitlan llevando en sus manos piel y vestiduras de guerrero, la Independencia del pueblo mexica, fundamentada en el restablecimiento de Nezahualcoyotl y la conformación de la Triple AIianza: México, Texcoco y Tacuba, mientras Azcapotzalco quedaba reducido a pueblo tributario.
A partir de ese momento se amplió el dominio mexica en forma notable, conquistando a los de Coyoacan, a los Mazahuas, a los de Mixcoac, Quauhximalpa, Acolhuacan, a los de Mizquic, Cuitlahuac, Xochimilco Cuauhnahuac, Toltitlan y Chalco. (2)

La muerte de Izcoatl, en el año de 1436, trajo consigo una gran perdida moral y de dirigencia para el Señorío; su sucesor fue Moctezuma Ilhuicamina, el quinto Tlatoani, el que logro llevar su poderío hasta Oaxaca.

Imposible será, en este espacio, hacer un análisis de cada uno de los Señores Mexicas, pero sí cabe señalar que después de Moctezuma Ilhuicamina, llegaron al poder Axayacatl, Tizoc, Ahuizotl y Moctezuma Xocoyotzin, este último, escogido por el destino para recibir a los conquistadores españoles.
Ese gobernante, según indican varias investigaciones serias, era hombre profundamente supersticioso, y su existencia se basaba en ciertas creencias. AI respecto, el maestro Ignacio Bernal nos explica que: “Cuando en 1519 estalla como un grito espantoso la noticia: ¡Quetzalcoatl ha regresado! piensa desde el primer momento que su reino se ha acabado, que las profecías se han cumplido. Entonces sigue el único camino abierto, la única forma de oponerse a un dios: obtener la ayuda de los otros dioses y tratar de convencer a Quetzalcoatl de que regrese. Por un lado envía a Cortés las insignias del dios: el penacho de plumas, la máscara de oro y los numerosos regalos con que espera convencerle. Estos lo convencen, pero precisamente de lo opuesto a lo que deseaba Moctezuma, o sea seguir su marcha, engolosinado por el oro”. (3)

El 7 de septiembre de 1519, los españoles… “atraviesan la sierra que separa el Valle de México del de Puebla por en medio de los dos volcanes: La Iztaccihuatl, la mujer blanca que deja caer sus pliegues blanquísimos sobre el túmulo azul de la sierra, y el Popocatepetl, monte que humea entre las nubes. Asombrado (Cortés) ante el maravilloso espectaculo del Valle, pasa por Tlalmanalco; se detiene en Amecameca y llega a Ayotzingo en donde los recibe Cacama, rey de Texcoco. Caminan por las orillas del agua y penetran por una calzada entre los Lagos de Chalco y Xochimilco, para llegar a Tlahuac. Otra calzada los llevó a tierra firme y entraron en Ixtapalapa, donde fueron recibos por Cuitlahuac, señor del lugar…. ” (4) Hernán Cortes decide la entrada a la Ciudad de México Tenochtitlan en la mañana del 8 de noviembre de ese 1519.
El propio capitán español inicia la marcha montado en su caballo, y detrás de ellos soldados, también montados como sirviendo de escolta; luego a pie, Cacama y Cuitlahuac y más soldados… “más atrás los ballesteros con sus carcajes llenos de flechas de hierro, y los escopeteros con sus cerbatanas, donde el rayo revienta y sale el humo. Al final, el abigarrado y numeroso conjunto de guerreros aliados de los españoles (teules), la gente de Tlaxcala y la de Huejotzingo, que vive mas allá de las montañas”. (5)
Bernal Díaz del Castillo, refiriéndose a la calzada de Ixtapalapa, por la que entraban los españoles, expresó que: “… miles de curiosos comienzan a agolparse a lo largo de la calzada, tan ancha como de dos leguas y muy bien obrada, pues pueden ir por ella ocho de a caballo a la par… estaban llenas de torres y los cúes, en las canoas y en todas partes de la laguna, y no era cosa de maravillar por que jamás habían visto caballos ni hombres como nosotros”. (6)
Cerca del fuerte de Xoloc, estaban esperando a la comitiva algunos embajadores de Moctezuma Xocoyotzin; y entre lo que hoy se conoce como Av. Pino Suárez y República del Salvador, apareció el Tlatoani. “Cortés quiso abrazar a Moctezuma, pero los caciques se lo impidieron”, continuaron la marcha rumbo a la ciudad.
Una multitud asombrada y murmurante contemplaba como el Señor mexica conducía a los extranjeros hasta las casas de Axayacatl, en el centro mismo de la ciudad; y cuando llegaron “Moctezuma tomo a Cortés de la mano, lo condujo al mas lujoso de los aposentos y le dijo: Malinche, en vuestra casa estáis, vos e vuestros hermanos; descansad” (7)
Así daba inicio el fin…

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