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La calle más antigua de América

Publicado: 20 diciembre 2012 en Mexico Colonial

La calle más antigua de América

Por Jorge Pedro Uribe


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la Ciudad de México tenemos la calle más antigua del continente americano, la calzada México-Tacuba, que construyeron los mexicas en el siglo XIV para hacerle la guerra a los de Azcapotzalco. Del Zócalo al Panteón Británico recibe distintos nombres: Tacuba, Hidalgo, Puente de Alvarado, Ribera de San Cosme y México-Tacuba. Puesto que sólo se cuida lo que se quiere y sólo se quiere lo que se conoce, propongo caminarla, dedicarle un sábado o un domingo. Ella sabrá agradecer a través de sorpresas en el camino.

 

El paseo puede empezar con un desayuno en el Café de Tacuba (Tacuba 28, Centro), el cual recientemente cumplió 100 años en una casa del siglo XVII. Es una buena idea pedir una conchota y un chocolate a la española, y si queda hambre unas enchiladas, por qué no. Con el estómago lleno se camina hasta la Plaza de la Santa Veracruz, con su iglesia homónima en la que fue enterrado el arquitecto Manuel Tolsá. Este templo y el de enfrente, dedicado a San Miguel, se ubican en la Guerrero, una de las viejas colonias que atraviesa la México-Tacuba. También en la plaza está el bello Museo Franz Mayer, dedicado a las artes decorativas.

 

***Manuel Tolsá es quién fuera el arquitecto del Palacio de Minería y del Museo Nacional de Arte (MUNAL) ambos ubicados en la calle Tacuba. (mafl)

 

Cerquita están tanto el templo de San Hipólito y San Casiano como la Plaza de San Fernando, ambos en el tramo conocido como Puente de Alvarado debido a una leyenda relacionada con el conquistador Pedro de Alvarado y la Noche Triste. Mientras el templo de San Hipólito atrae a muchísimos fieles de San Juditas cada día 28, la Plaza de San Fernando conduce al primer panteón civil de México, el de San Fernando, de mediados del XIX. Aquí reposan los restos de Benito Juárez y de un montón de liberales y conservadores que ya nada tienen que discutir bajo tierra.

 

*** Miguel Miramón, de los Conservadores en la ocupación Francesa enemigo acérrimo de Juárez fue enterrado en el mismo panteón que Juárez. (mafl)

 

En la zona hay un par de librerías, vale la pena preguntar por México-Tacuba (Ediciones B, 2011) de Joaquin Von Mentz para saber más sobre la calle que nos concierne. ¿Qué tal empezar a leerlo en el bonito jardín del Museo Nacional de San Carlos (Puente de Alvarado 50, Tabacalera)?

 

Al seguir caminando con dirección al Poniente se cruza Insurgentes y entonces uno llega a la colonia Santa María la Ribera. Recomiendo hacer una parada en el Museo Universitario del Chopo (Doctor Enrique González Martínez 10) y dejarse sorprender por arquitectura y exposiciones de arte contemporáneo. El que todavía no tenga hambre puede pasar por un americano al Café Moka (Santa María la Ribera 6). Hace décadas que el señor Ovidio sorprende a todos gracias a sus conocimientos sobre el café y la cábala. El hambriento en cambio tendrá que ir directamente a la ostionería Boca del Río (Ribera de San Cosme 42, San Rafael) por un filete de pescado o unos camarones a la diabla. Para bajar la comida se hace necesario visitar el templo de San Damián y San Cosme y la Casa de los Mascarones, que se levantan a pocos pasos del restaurante. ¡Pobre del que no tome fotos!

 

Más adelante la Ribera de San Cosme se encuentra con el Circuito Interior, debajo del cual funciona un animado skatepark, justo a un lado del panteón estadounidense Mexico City National Cemetery (Virginia Fábregas 31, San Rafael). Se trata de una esquina interesante, muy viva, a pesar de la ruina que la caracteriza, el del Cine Cosmos. No nos encontramos lejos de la colonia Popotla,
en donde se dice que Hernán Cortés lloró la derrota de la Noche Triste, o victoriosa, depende de quién lo diga. Para nosotros resulta victoriosa, pues a los pies del famoso ahuehuete o sabino termina el recorrido que emprendimos hace más de seis kilómetros y 600 años. Felicidades.

 

Fuente: Mexicocity.gob.mx


Carta de Carmen Romero Rubio a su padrino Lerdo de Tejada 

Ciudad de México, 1° de enero de 1885. 

Sr. Lic. don Sebastián Lerdo de Tejada.

 

Mi muy querido padrino: 

Si continúas disgustado con papá, eso no es razón para que persistas en estarlo conmigo; tú sabes mejor que nadie que mi matrimonio con el Gral. Díaz fue obra exclusiva de mis padres, por quienes, sólo por complacerlos he sacrificado mi corazón, si puede llamarse sacrificio el haber dado mi mano aun hombre que me adora y a quien correspondo sólo con afecto filial. 

 

Unirme a un enemigo tuyo no ha sido para ofenderte: al contrario, he deseado ser la paloma que con la rama de olivo calme las tormentas políticas de mi país. 

 

No temo que Dios me castigue por haber dado este paso, pues el mayor castigo será tener hijos de un hombre a quien no amo; no obstante, lo respetaré y le seré fiel toda mi vida. 

 

No tienes nada, padrino, qué reprocharme. Me he conducido con perfecta corrección dentro de las leyes sociales, morales y religiosas. ¿Puedes culpar a la archiduquesa María de Austria por haberse unido a Napoleón? 

 

Desde mi matrimonio estoy constantemente rodeada de una multitud de aduladores, tanto más despreciables cuanto que no los aliento. Sólo les falta caer de rodillas y besarme los pies, como les sucedía a las doradas princesas de Perrault. 

 

Desde la comisión de limosneros que me presentaron ayer hasta el sacerdote que pedía una peseta para cenar ascendiendo o descendiendo la escalera, todos se mezclan y se atropellan implorando un saludo, una sonrisa, una mirada. Los mismos que en un tiempo no muy remoto se hubieran negado a darme la mano si me vieran caer en la acera, ahora se arrastran como reptiles a mi paso, y se considerarían muy felices si las ruedas de mi carruaje pasaran sobre sus sucios cuerpos. 

 

La otra noche, cuando tosía en el pasillo del teatro, un general que estaba a mi lado interpuso su pañuelo para que la saliva, en preciosas perlas, no cayeran en el piso de mosaico. Si hubiéramos estado solos, es seguro que esta miserable criatura hubiera convertido su boca en una escupidera. 

 

Esta no es la exquisita lisonja de la gente educada; es el brutal servilismo de la chusma en su forma animal y repulsiva, como el de un esclavo. 

 

Los poetas, los poetas menores y los poetastros, todos me martirizan a su manera: es un surtidor de tinta capaz de ennegrecer al mismo océano. Esta calamidad me irrita los nervios hasta el punto de que a veces tengo ataques de histeria. Es horrible, ¿verdad, padrino? 

 

Y no te digo nada de los párrafos y artículos publicados por la prensa que papá ha alquilado. Los que no me llaman ángel, dicen que soy un querubín; otros me ponen a la altura de una diosa; otros me ponen en la tierra como un lirio, una margarita o un jazmín. 

 

A veces yo misma no sé si soy un ángel, un querubín, una diosa, una estrella, un lirio, una margarita, un jazmín o una mujer. ¡Dios! ¿Quién soy yo para que me deifiquen y envuelvan en esta nube de fétido incienso? 

 

Ay, padrino, soy muy infortunada y espero que no me negarás tu perdón y tu consejo.


Un documental muy interesante acerca del tema que te ilustrará mucho acerca de este movimiento social mexicano.

 


(6 de 7) “La sucesión presidencial en 1910″ de Fco. I. Madero.


(5 de 7 ) “La sucesión presidencial en 1910″ de Fco. I. Madero.


(4 de 7) “La sucesión presidencial en 1910″ de Fco. I. Madero.


(3 de 7) “La sucesión presidencial en 1910″ de Fco. I. Madero.


(2 de 7) “La sucesión presidencial en 1910″ de Fco. I. Madero.


(1 de 7) “La sucesión presidencial en 1910″ Fco. I. Madero.